sábado, 21 de septiembre de 2013


       
"INTERNUS COLLOQUIUM, RECORRIDO PLATÓNICO AGUSTINIANO UNA APOLOGÍA DEL ESPÍRITU"

En el presente texto que lleva por título, “internus colloquium, recorrido platónico agustiniano una apología del espíritu”, manifestaré el camino que han seguido Platón y San Agustín y que a su vez han expuesto, filosófica, metafísica y teológicamente, en relación a la interpelación del espíritu;  en la naturaleza, el conocimiento, la fe, la razón y el contexto social en el que habitaban , al mismo tiempo evidenciare el diálogo que establecían interiormente y con el entorno de su respectivo tiempo. Todo esto es con el objetivo de conocer a través de algunas de las obras y planteamientos filosóficos de estos pensadores, la fuente y culmen, génesis y final que ha de tener y llevar el hombre para el conocimiento de la verdad, la razón y el de su propio yo.
“El alma del que tiene sed, por cuanto que tiene sed, no quiere otra cosa que beber, y a eso aspira y a eso se dirige”,
En la republica platón alegóricamente nos da a conocer aquella taciturna y crepuscular situación en la que el hombre se encuentra ante la falta de luz, una luz de conocimiento y verdad que le ha sido negada sin apelar a ella, en esta alegoría de la caverna, el hombre es situado en un panorama casi alterno de lo que en realidad es y se vive, para este avatar lo que se vive en ese momento es algo prolijo y confuso al mismo tiempo, pero lo ha anexionado a su realidad, sin embargo al colocarse fuera de esta realidad a la cual se había establecido, el perplejo y medroso hombre cree más en lo que ya tenía concebido como su realidad que en lo que se presentaba a su vista en ese momento, ante el ignoto destello de educación al cual el hombre  se pronuncia al salir de su penumbra, se ve frágil interiormente, para sostener una nueva postura de conceptos y pensamientos, pues el contexto a cambiado totalmente para él y lo que acontece a partir de ese momento será otra vida. 
Con esta representación que Platón nos da, palpamos que el hombre, ese avatar físico del mundo y la sociedad está encerrado en una caverna interior y que para Platón al igual que más adelante para San Agustín se encuentra en una constante búsqueda de la luz. Esta penumbrosa situación que nos es expresada en la alegoría, nos da pie a establecer la idea que queda clara como el comienzo del conocimiento, la razón y la verdad, pues antes de la luz tendría que haber existido la oscuridad, para encontrar la verdad, hay que visualizar el error y para llegar al encuentro de una filosofía tiene que habitar la concepción de no filosofía, en este proceso de luz y oscuridad el papel que juega el razonamiento en los caudalosos pensamientos y los planteamientos filosóficos de Platón y Agustín, como puente para llegar a un verdadero conocimiento a de ser privilegiado y por el cual solo se puede llegar a descubrir la ciencia y la verdad, pues de otro modo no se podría obtener tal galardón.

En el pensamiento agustiniano notamos que en cuanto a razón corresponde, San Agustín la toma en asociación con la fe  (fides et ratio) y por la cual se ha de encontrar con un equilibrio espiritual, subsecuente a una estable y preeminente moral que le ha de permitir un acercamiento con dios. Al visualizar los puntos de partida que hay entre ambos pensadores para la búsqueda de un preclaro conocimiento por vías de la razón y la fe, vemos también que la utilización de la reflexión en Platón y la contemplación para San Agustín es un método eficientísimo, pues a través de este método escrutaran en ellos y de ellos parirá la verdad que buscan. La reminiscente postura tomada por Platón como base de su conocimiento, el protagonismo de sus alegorías y mitos que son exaltados como imágenes a modo de ayudar a entender que en el hombre reside el conocimiento y que de alguna manera, se encuentra ya sea dormido, oscurecido o perdido. Platón nos hace saber que la residencia del conocimiento en nosotros se encuentra siempre vigente, lo único que debemos realizar mediante la reflexión es revelarla a nosotros mismos, pues el transcurso de una vida sensible la ha difuminado nuestro saber mismo, nótese que al hablar de una reflexión, Platón nos da a saber la importancia del escrutinio, donde en ese proceso de la interiorización se ha de apelar al espíritu, una esencia si bien invisible para la lógica Platónica es una esencia que ha de dar cauce y vigor a su conocimiento, ”No salgas de ti mismo nos dice San Agustín- pues en el interior del hombre reside la verdad”.
 La puesta agustiniana en correspondencia a la reflexión, se ha de manifestar como una contemplación, una especie de ataraxia, que otrora grandes filósofos la adecuaran como vehículo de sus posturas filosóficas, sin embargo la contemplación en San Agustín, es una contemplación dinámica un proceso de constante lucha interior, puesto que para Agustín además de estar en busca de una verdad ya sea revelada por sí mismo o por dios, se encuentra en pugna el equilibrio moral que ha sido fruto de su conversión, “¿cuándo a Ti llegaremos, fuente de sabiduría y luz que nunca te apagas, que, ya no por espejo ni en figura, pero cara a cara te veamos?”.
La contemplación agustiniana ha de ser proyección de una vida de ascetismo y rectitud, en Agustín observamos que la filosofía que plantea se ha de evidenciar también en sus actos, si quisiéramos ver un ejemplo del mito de la caverna, que anteriormente Platón nos representaba, el caso de la vida de conversión de San Agustín podría ser un prototipo, que nos muestra el proceso cavernoso en el que se encontraba antes de su conversión el Santo y que al salir de esa penumbra se ve situado ante una constante lucha de reivindicación de conceptos, tanto Teológicos, filosóficos, espirituales, morales e incluso físicos en cuanto al tiempo se refería. Hasta este momento hemos encontrado algunos de los muchos hilos conductores que da la filosofía platónica avanza a la a agustiniana y a modo de añadir un hilo más a ese sensible tejido filosófico, metafísico y teológico del pensamiento de estos dos Insignes hombres buscadores del conocimiento y la verdad, propondré una vía, que a mi parecer es el motor por el cual causa tanta atracción la línea de pensamiento tanto de Platón como de San Agustín, esta vía cuya extensión gramatical es tan corta pero en cuanto esencia se refiere, envuelve un espacioso sin numero de cuestiones, en relación al hombre, a dios y la vida misma, en una palestra filosofo teológica y metafísica, esta vía, es el amor y que en Platón se ve clara al hablarnos de un intrínseco amor por la razón, amor por la sabiduría, una amor que es tornado en fuerza dialéctica, un amor que conforme se ve ausente se le es necesario, percibimos también que este amor se encuentra en la misma línea que la sabiduría pues entre menos se le tiene más se le necesita, Platón se considera amante de la sabiduría en tanto filosofo, pues amar es desear el conocimiento, este amor descrito por Platón en una esencia creadora sin principio ni fin. ¡Oh fuego, que siempre ardes y nunca te apagas! ¡Oh amor, que siempre estás firmemente hirviendo! Inflámame.
El impulso que ha de dar el amor para el establecimiento de la filosofía agustiniana ha de ser irrefutable, pues por senderos de el se mueve todo su pensamiento, San Agustín evocara al amor como una potencia del alma y una virtud teologal, en él, arde el deseo de encontrarse con su creador y redentor, se hace ver amante y amado al mismo tiempo. Con estas vías del conocimiento que emanan de de ambos pensadores y que son una suerte de condicionamientos para que se logre a dar su filosofía, vemos que el reflejo del pensamiento platónico agustiniano conforme a estas vías se refiere, plantea una porción de similitudes, en este proceso de construcción del pensamiento, aunado a todo este proceso filosófico, a de resaltar un peldaño más que tendrá que ser observado concisamente, la duda, esta duda que en San Agustín se presenta, es una duda vital, una duda existencial, que ha de acompañar al diligente hombre desde sus comienzos como pensador hasta el proceso de su conversión, esta acompañante duda en el Santo se ve persistente y le hace dudar de todas las cosas al punto de creer que el hombre no puede llegar a comprender ninguna verdad, estas severas dudas son producto no sólo de las cuestiones naturales o sociales que estaba viviendo si no también son maquinadas por las dudas teológicas que en el habitan, pues antes de su conversión, Agustín vivió y bebió de varias corrientes teológicas que le hicieron despegarse de su primera fe, ideas planteadas sobre la duda, como el hecho de que si el hombre duda es porque hay existencia y si se manifiesta una duda ya sea en sueño o despierto representa vitalidad en el hombre, esto es rastro de que hay algo en el interior de Agustín que está en dinamismo, esta misma duda a de revelar verdades absolutas, la duda que de la misma existencia hay será resuelta también para Agustín, después de de estos procesos interiores y personales, es hora de salir fuera y para estos dos protagonistas ha de evidenciarse en el hombre como tal y el hombre en sociedad, por su parte Platón manifiesta estas dudas metafísicamente al tratar de comprender el porqué del comportamiento del hombre, sus cambios constantes, la razón de la sinrazón que el hombre está viviendo y en donde está viviendo.Situémonos en el tiempo de Platón una Atenas gobernada más por el placer que por la justicia, un contexto de cambios y como lo dice él mismo estamos viviendo en un mundo de corrupción, Platón como idealista de un mundo de justicia y armonía, no toleraría esto, busca un cambio, pero ese cambio ha de venir por la razón, el examinar y un mirar cara a cara la realidad y a esto surgirá algo que nos remembrara el titulo de este texto, Platón pondrá cómo proceso para llegar a una libertad y un correcto gobierno la apelación del alma, una defensa del espíritu, “. Existe una función del alma que ninguna otra cosa de las que existen puede cumplir, como el dirigir, mandar, deliberar y todas las cosas de esa naturaleza gobernar. ¿Es justo atribuir esas funciones a otra cosa sino al alma?”
Sin duda el alma será una bandera que caracterizará la metafísica del sabio ateniense, habrá un alma buena y un alma mala dirá Platón, y la justicia será la virtud de el alma buena y la injusticia un vicio del alma mala, al plantear esto nos dirá también a manera de sentencia; “En consecuencia, el alma justa y el hombre justo vivirán bien, y el hombre injusto, mal."
Está apología del alma que hace Platón despierta el espíritu impetuoso por corregir la ciudad inicua que veía en su momento, esta alma a la que se apela en el hombre  ha de tener un proceso de purificación, para que pueda como dice Platón en la republica, representar la esencia liberadora de justicia y del buen gobierno de uno mismo, hay bondad y maldad en el alma, virtudes y vicios, que llevan al hombre a vivir bien o vivir mal y claramente lo percibimos ante esta exégesis y a todo esto obtendremos un resultado a esa bondad y a esa maldad por parte de este pensador ateniense, que si bien no la toma tan profundamente o dándole el debido valor teológico que por otra parte San Agustín si le daría y que inclusive el Santo elaborara métodos para llegar a ese estado privilegiado, Platón si lo proyecta como el resultante o consecuente de una vida justa o injusta, y que en el Eutifron se tocara como tema constantemente “donde quiera que se encuentre lo justo allí está lo santo, y si donde quiera que se encuentre lo santo allí está lo justo”.
En cuanto al alma el bien y el mal, la línea de pensamiento agustiniano nos demuestra que está interesada por el destino de la misma y la naturaleza del mal, San Agustín utilizara como medio para evidenciar la inmortalidad del alma, primero la fe y luego al razón, en cuanto razonablemente se expresa inmortal, se le agrega la fe, el hombre está compuesto tripartitamente dice Agustín, por cuerpo, alma y espíritu, esta alma principio vital y por la cual el cuerpo es dotado de movimiento a de encontrar un principio y fundamento al cual debe girar y por el cual debe de tener vida, así este concepto de alma tendrá otro valor entonces para San Agustín un valor el cual será optimo para su ultimo fin, tanto colectivamente como personal, que es el encuentro con dios y la búsqueda y llegada a la ciudad celestial como lo presenta muy enérgicamente en la ciudad de dios y como lo entona el evangelio “su reino no tendrá fin” .En la ciudad de dios, San Agustín tendrá que apelar no sólo a su propia alma sino a un puñado de almas, la situación que ha de vivir esta ciudad Romana, ha de ser de caos, lucha y paganismo, como en su tiempo lo fue la Atenas de Platón, esta ciudad se posiciona ante una encrucijada, elegir un camino al cual debe tornar, el camino que hasta ese momento estaban llevando, de una vida mundana, velica, de injusticias y excesos, que Agustín la llamara la ciudad terrenal o un vida de armonía, hombres justos, paz y bienestar social, a la cual San Agustín nombra la ciudad celestial.”Todo el uso de las cosas temporales en la ciudad terrena se refiere y endereza al futuro de la paz terrena, y en la ciudad celestial se refiere y ordena al futuro de la paz eterna”.

Plasmado está en la ciudad e dios la justificación racional que nos ha de hacer entender el por qué de una diligente vida y la comprensión de que como hombres de razón también tenemos un alma racional, la comparación que se hace es con los animales, pues como seres irracionales, solo buscan la paz del cuerpo, el disfrute, la quietud y descanso de los apetitos, descanso de la carne y la abundancia de los deleites, para que la paz del cuerpo aprovechara la paz del alma, sin embargo para una alma racional como la del hombre la vía que ha de seguir se puntualiza de forma muy distinta, “Pero como el hombre posee alma racional, lo sujeta a la paz del alma racional, para que pueda contemplar con el entendimiento, y con esto tenga una ordenada conformidad en la parte intelectual y activa la cual había mencionado era la paz del alma racional”
Esta apología del alma que nos han dado estos dos grandes filósofos y que por parte también de ambos se hacen valer de la razón para evocar a este sensible, invisible, inmutable y casi místico espíritu interior, a manera de reflexión nos invitan al encuentro de nuestro propio yo, el no desbordarnos, si no entrar en nosotros mismo, que no es otra cosa si no la escucha atenta de lo que nos dice nuestro entorno y a través de ello buscar la verdad y la quietud del alma, para que con ello encontremos una estabilidad moral y un buen gobierno de nosotros mismos. En este breve recorrido platónico agustiniano nos dimos cuenta del reflejo en pensamiento que hay por parte de estos dos grandes hombres. También pudimos notar los hilos conceptuales que Iván tejiendo sus planteamientos y que fueron de gran ayuda para la adquisición de una idea de lo que del alma es en nosotros y su defensa a la cual apelar para la búsqueda de la verdad que reside en nosotros.
A manera de conclusión; este proceso apologético del espíritu, a de sembrar en nosotros el deseo de búsqueda por la verdad, si así se quiere un encuentro con una vida equilibradamente moral y la conducción de un alma racional para que descanse en una paz racional, estas posturas, pensamientos filosóficos y alegorías que fueron redactados en el presente texto, con relación a la concepción del alma por parte de Platón y de San Agustín, son una suerte de imágenes al igual que la imagen que nos fue presentada por Platón en el mito de la caverna y con el mismo fin el de evidenciar que también nosotros tenemos una caverna interior y que ya sea encadenados o no, al percibir que hay una radiante luz fuera de ella nos atemoriza el salir para buscar la verdad una verdad que puede dar sentido a lo que en sombras veíamos o puede terminar descontextualizando los conceptos y pensamientos que hasta entonces tenemos, esta salida y encuentro con esa luz ha de ser inevitable tarde o temprano, pero si por senderos de la reflexión, discernimiento o en su caso la contemplación queremos salir en busca de esa luz, que por mucho tiempo sólo nos refleja sombras seguramente que aunque esa luz sea muy intensa y nos pueda confundir en determinado momento al final la verdad surgirá y las cadenas de la ignorancia se romperán, probablemente en ese camino podamos a lo lejos vislumbrar esa ciudad que el santo de Hipona tantas veces idealizó.


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